Quemaron vivos a sus padres para proteger a sus hermanitos. Hoy todo mundo celebra


Terror en Buenos Aires, Argentina, donde se da a conocer una historia que le revuelve el estómago a todo mundo, se trata de la familia Klein, donde la venganza se apoderó de dos hermanastros, Leandro Acosta y Karen Klein, mismos que sostuvieron una relación amorosa por poco más de seis años.

Ellos, sin ningún tipo de resentimiento admitieron públicamente haber asesinado a sus padres, abusar sexualmente de los cadáveres y por si fuera poco, quemar los restos como símbolo de venganza por los años de tortura que recibieron y los abusos sexuales que vivieron durante toda su vida, incluso se vieron involucrados sus hermanos gemelos de 11 años de edad.


Durante una entrevista a una famosa televisora argentina, el joven Leandro Acosta mencionó que disfrutó torturando a su padre y que llegó a sentir excitación al hacerlo, tanta que luego de quemarlo vivo, abusó sexualmente del cuerpo; cuando su madre entró a la habitación y vio esa terrible escena, comenzó a reclamar, y para terminar con esos gritos, Leandro apuntó a su madre y  la baño en gasolina, para prenderle fuego. 

Estos jóvenes estaban tan sedientos de venganza que fueron más allá de un asesinato, calcinaron los cuerpos, los violaron y posteriormente probaron un trozo de sus cuerpos, declarando que eran unas terribles personas, que el daño que les habían hecho era irreparable y que no iban a permitir que les hicieran lo mismo a sus pequeños hermanos, pues su deber ahora era protegerlos.



Al poco tiempo, un familiar de estos jóvenes llamó a la policía cuando llegó a visitarlos y nadie abría la puerta, todo parecía bien hasta que los oficiales se percataron de la presencia de un hueso de la pelvis y la espalda de los padres de familia, además de carne cocinada y en el patio trasero cerca de 18 bolsas de basura con los restos de esta pareja.

Tras ser remitidos ante las autoridades, el jefe de la policía de Buenos Aires, declaró en entrevista, que dentro de la casa encontraron pistolas 9 mm, hachas nuevas, machetes y hasta una escopeta, y que poco tiempo después de que Leandro cometiera el asesinato, denunció a sus padres de pederastía y solicitó una orden de alejamiento. Por si esto fuera poco, los restos de los cuerpos los trasladó lejos de la casa en una carretilla donde siguió torturando los cuerpos, destrozando cada uno de los huesos de estas personas hasta que quedaran prácticamente como carne molida y astillas de huesos. La novia de este sujeto fue una víctima, pero también cómplice al haber ayudado a Leandro a limpiar la escena del crimen, sin embargo, ella fue puesta en libertad por falta de pruebas de estos actos.


Mientras tanto, Leandro Acosta tampoco fue puesto tras las rejas, fue sometido a un tratamiento psiquiátrico extenso, pues jueces y abogados llegaron a la conclusión de que tenía problemas mentales, derivados de todos los abusos que sufrió desde temprana edad, sin embargo, cabe destacar que luego de que la historia saliera  a la luz, miles celebraron el hecho, pues consideraron a los padres como los únicos culpables. 

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