Anciano antes de morir deja una increíble sorpresa a las enfermeras que lo cuidaron


Por más triste que te suene, son muchísimos los ancianos abandonados a su suerte por sus familiares, a quienes parece no importarles en lo absoluto su salud y muchos menos su estado de ánimo; ignoran por completo todo lo que puedan pensar o sentir.

Es el caso de un solitario anciano que vivía en una pequeña comunidad cerca de Melbourne, Australia, a quien dejaron en un hospital después de registrarlo. Nunca más volvieron a verlo y el pobre hombre se quedó ahí hasta el día en que falleció.



Las enfermeras que lo atendieron hasta el final desafortunadamente no pudieron contactar a quien lo registró ni a sus familiares. Localizaron a unas personas allegadas a él y trataron de comunicarse con ellas, pero nunca respondieron. 



Cuando la vida del anciano llegó a su fin empleados del hospital recogieron sus pocas pertenencias. Entonces descubrieron que utilizó las fuerzas que le quedaban para escribir una carta a las enfermeras, para contarles lo que sentía. Como te darás cuenta a continuación, sus palabras dejaron a todos sin aliento y sin poder contener el llanto.


Aquí te dejamos el texto la carta:

¿Qué es lo que ven, enfermeras? ¿Qué es lo que ven cuando voltean a verme?

¿Qué es lo que piensan cuando me ven?

De seguro piensan que sólo soy un viejo gruñón, no muy inteligente, con hábitos extraños y la mirada perdida, que quisieran que ya no estuviera aquí.

Quizá ven a un viejo al que el alimento se le cae por las orillas de los labios y nunca dice nada, y al que constantemente le están repitiendo: “¿Acaso no puede intentar no derramar la comida al menos una sola vez?

Quizás piensen que soy un viejo que no se da cuenta de lo que hacen, de lo que pasa alrededor, y que no puede poner atención suficiente para dejar de perder las cosas… “¡Cuando no es un calcetín, es un zapato, pero siempre pierde algo!


A lo mejor me ven como un viejo que las deja hacer y deshacer según su voluntad, sin poner ninguna resistencia, y a quien se le va el día en bañarse y en comer porque no puedo hacerlo de manera apresurada…

¿Acaso eso es lo que piensan cuando me ven?

Creo que entonces no están viendo realmente… Cómo me gustaría que abrieran los ojos… ¡Por favor, abran los ojos!

Aquí, en medio de mi gran soledad, sentado -porque es lo único que puedo hacer- y siguiendo sus instrucciones para hacer lo que me piden y comer lo que me dan, les contaré quién realmente soy…


‘‘Soy un niño de 10 años, que tuvo padre, madre, hermanos, hermanas y una familia que se quería.

Un adolescente de 16 con alas en los pies, que soñaba día y noche encontrar el amor.

Un novio de 20 con un corazón alegre, recordando todos y cada uno de los votos que prometió cumplir al gran amor de su vida. 

Soy un esposo de 25, que ya tiene sus propios hijos y que se preocupa por ellos, para criarlos de la mejor manera y darles más que una casa, un hogar.

Un hombre de 30, que comprueba lo rápido que crecen sus niños, y conforme pasan los días se da cuenta de que el amor que los une durará por siempre. 

Un padre de 40, con hijos que han dejado el hogar buscando hacer su propia vida, pero agradecido de seguir teniendo a una mujer a la que amo y me ama, que me da valor para continuar adelante en la vida y no entristecer. 

Soy un abuelo de 50, volviendo a sentir la alegría de tener bebés en las piernas y de ver sus tiernas sonrisas provocadas por mí. 

Afortunado porque mi amada y yo volvemos a tener niños corriendo, gritando y riendo a nuestro alrededor.


Un hombre que tuvo que enfrentarse a los días más oscuros cuando mi mujer murió, haciéndome sentir una terrible soledad. 

Un anciano al que le da miedo pensar en el futuro, porque la sola idea me produce escalofríos.

Ahora que pienso en los años que han pasado, en lo que tuve la fortuna de vivir, el amor que conocí, y que me doy cuenta de lo viejo que estoy y de que me he convertido en una víctima más de la naturaleza, me río de mi edad como un idiota. 

Es inevitable no darse cuenta cómo mi cuerpo se está viniendo abajo, que he perdido toda la gracia y la fuerza que tuve en mejores años, y no puedo evitar sentir que me invade una terrible tristeza.

Hoy, donde había un corazón que latía aceleradamente cuando sentía cualquier emoción, sólo queda algo parecido a una piedra, a la que le cuesta mucho trabajo palpitar pues no tiene motivos para hacerlo. 

Aun con todo esto, sigue existiendo un joven debajo de esta arrugada y vieja piel. Un hombre que aún recuerda los momentos que le dieron las alegrías más grandes y las penas que pudo sobrellevar. 

Un hombre que aún vive y esa razón es suficiente para seguir amando lo que pasó por mi vida…

Es imposible que a esta edad no me parezca que la vida pasó demasiado rápido y que los años se fueron acumulando sin darme cuenta… Pienso en todo esto aun cuando sé perfectamente que nada puedo hacer para detenerlos.

Así que por favor, enfermeras, ¡abran muy bien los ojos y miren lo que aún queda detrás de esta piel!

Estoy seguro de que si se dan la oportunidad de verme con atención, comprobarán que soy mucho más que un viejo gruñón… Si me miran más de cerca, de seguro podrán verme a mí...

Quiero que me miren a mí.’’


De entre las pertenencias del hombre, las enfermeras que se encargaban de atenderlo encontraron un paquete, en el había cerca de 1 millón de dólares en efectivo, además de un mensaje. 

"Señoritas muchas gracias por haberme hecho ver lo maravilloso que fue mi vida, espero que este pequeño detalle les ayude a alcanzar esa felicidad, la que estoy seguro que yo tuve durante toda mi vida". 

Es cierto que los abuelitos nos cuentan la misma historia mil veces, y que en ocasiones la alargan de tal manera que pueden fastidiar, ¿pero cómo te sentirías tú, rodeado de gente que no te comprende, que no vivió en tu época y que no puede platicar contigo porque tus temas son demasiado anticuados o aburridos? Exacto: lo más probable es que te sintieras triste y hasta cierto punto, deprimido.


¿Cuántas veces por estar tan ocupados en nosotros y en nuestras necesidades, ignoramos a quienes más necesitan comprensión, cariño y apoyo? Para mala suerte de miles de ancianos que podrían contestar a esta pregunta, la respuesta es: demasiadas. Así que la próxima vez que tengas a un viejecito cerca, date la oportunidad de ser más empático y de que gracias a ti pueda sonreír. 
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