Nunca conoció a su abuela, pero cuando revisó fotos viejas encontró algo aterrador


Esta historia sin duda te llegará al corazón, habla de cómo una madre nunca se rinde cuando se trata de encontrar a sus hijos. Sin importar lo que pase, el amor materno es para toda la vida...



Ramona vivió siempre con su padre y su abuela. Justo a los 8 años de edad quiso saber dónde estaba su mamá y por qué no vivía con ellos. La respuesta del papá fue tajante: “tu madre murió y no hay nada más qué decir”



Conforme crecía la niña empezó a escuchar rumores y chismes al respecto. Decían que la mujer estaba viva, que los había abandonado, pero cuando preguntaba todos enmudecían de repente. 

Triste por nunca haber tenido cariño materno Ramona siguió su vida, se casó con un hombre que la amaba tanto, que contrató a un investigador privado para ayudarla a encontrar a su mamá pero no tuvo éxito, no había pistas de ella.


Pasaron los años y con ellos se iba la fe. Ramona tuvo una hija a la que llamaron Ivana. 

Un buen día la pequeña Ivana fue a la casa de su abuelo y por accidente halló entre unos libros una vieja acta de nacimiento, documentos y varias fotos viejas, todo parecía indicar que su abuelo escondía un aterrador secreto; había fingido la muerte de su abuela. 

En el acta con mucha dificultad se alcanzaba a leer el nombre de Blanca Rosa Taborda. Lo comentó con Ramona y en ésta resurgió la esperanza de encontrar a su mamá.


Ivana fue sola al registro civil para preguntar sobre el paradero de Blanca, quien pensaba que era su abuela a quien nunca pudo conocer porque había fallecido. Una empleada encontró la dirección exacta de Blanquita en la lista de pensionados. Ahora Ivana estaba a unos minutos de conocer a su abuela y de escuchar una desgarradora verdad.


"Era una pensión, con un pasillo largo. Lloré desde que la vi venir hasta que llegó al lado mío. Era la cara de mi mamá con un montón de años más. No sabía qué decirle. Así que me presenté. Le dije: Soy la hija de Ramona Altamirano, ¿sabe quién es?” 

Ella hizo una pausa, respiró hondo y me contestó: "¿Cómo no voy a saber? ¡Es mi nena!"


Blanca le relató su versión. Le dijo que cuando nació Ramona ella enfermó de gravedad y estuvo meses hospitalizada. Al salir, su esposo ya no estaba en casa. A la única persona que encontró fue a su cuñada, quien tajante le gritó: "¡Acá no hay ninguna niña y usted no tiene nada que hacer acá!".

Blanca es analfabeta: no sabe leer, ni escribir ni manejar dinero. Y la familia del marido, los que le quitaron a la bebé, eran de clase muy pudiente.


Ahora todo tenía sentido y Ramona podría conocer a su mamá. Había estado 54 años sin verla y vivía a unas horas de su casa. Como prueba Ivana se tomó una fotografía con la abuela; el parecido entre Blanca y su hija es asombroso.


Ramona al ver la foto lloró de emoción e inmediatamente se arregló para ir en busca de Blanca, luego escuchó las palabras más hermosas de boca de su madre: “Toda la vida te busqué, toda la vida esperé este momento. Lo único que pedía era volver a verte antes de morirme".

Ramona no puede estar más agradecida con la vida, tiene una familia hermosa y completa, y al fin encontró la respuesta a sus dudas; el destino la ha vuelto a unir con su madre, quien nunca dejó de amarla.
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