Narcos la torturaron hasta matarla. En la morgue despertó y hoy cuenta su pesadilla


La trágica historia de esta mujer comenzó en el mes de noviembre del año 2011, cuando un chico con el que salía la invitó a una fiesta, entonces viajaron desde la ciudad de Reynosa hasta Nuevo Laredo, en el estado de Tamaulipas, su idea era pasar el fin de semana juntos. Norma no escuchó la advertencia de su madre “No te vayas con ese hombre”. 



Horas más tarde Norma, Juan Manuel y Ricardo fueron detenidos por un grupo de hombres uniformados y fuertemente armados. El “Comandante” de dicho grupo le dijo a Norma: “Vente conmigo 15 días y te soltamos”. Ella respondió que no y el supuesto oficial le dijo: “Pues te vas a quedar detenida por apretada”. 


Norma nunca imaginó el destino tan cruel que la esperaba… 

Los detenidos fueron encerrados en el Centro de Ejecución de Sanciones de Nuevo Laredo, que es controlado por el cártel de los Zetas y donde todo el penal está a su servicio. Norma pasó 8 días en los que fue torturada y abusada sexualmente. 


“Todo el tiempo me estaban golpeando, me acusaban de haber traicionado al cartel cuando me fui con los del Golfo, ellos querían que yo confesara ser informante del cártel del Golfo”, dijo Norma. 

En una entrevista esta madre mexicana de cuatro hijos asegura que en el año 2011 fue detenida injustamente por miembros del ejército, fue acusada de ser “halcón” dentro del crimen organizado, y fue severamente torturada en prisión por miembros del cártel de Los Zetas hasta que creyeron que había muerto. 


Cuando le entregaron su “confesión” para que la firmara, decidió leerla. “¿Qué haces?, le dijeron los agentes, y le ordenaron que firmara. Ante su negativa, su abogado le dijo: “Nos saliste muy fierita”, pero ella le pidió que se retirara si no la iba a defender. 

Inmediatamente después comenzó el infierno, los sádicos Zetas diariamente la golpeaban con una tabla en la espalda, las piernas y las nalgas, no le daban de comer, la raparon, le arrancaron las uñas, le quemaban el cuerpo con cigarrillos y la intercambiaban entre los custodios para ser violada. 


Durante toda su estadía la acusaron de haber traicionado a Los Zetas y le decían que iba a ser castigada severamente por su traición. 

En el octavo día una mujer con sobrepeso saltó sobre su estómago, lo que provocó que vomitara sangre y luego se desmayara. Los internos la dieron por muerta, pero el día después salió en un vehículo de la prisión rumbo a la morgue, pero en el camino mostró inducciones de seguir con vida y fue trasladada de inmediato al Hospital General de Nuevo Laredo. 

Tenía hemorragias internas, la vesícula rota, el cerebro inflamado, el hígado destrozado, así como varias costillas quebradas.


Los familiares de Norma llevaron el caso a la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), que ordenó el Protocolo de Estambul realizado por Abel Édgar Hassan, perito de la Procuraduría General de la República (PGR).

El Protocolo confirmó la tortura, lo que llevó a las autoridades federales a ordenar que siguiera su condena en una prisión de Reynosa, donde 85 por ciento de los internos eran miembros del CDG. Allí los reos le aseguraron que la iban a tratar como “si estuviera en casa”. Después de 3 años un juez ordenó su libertad por no encontrarse pruebas del supuesto delito. Pero para ese momento su vida ya había sido destruida. 
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